El 2025 había sido un año muy malo para María Reyes. El casting para elegir a la artista que iba a representarles en el festival de artes de calle de Elche le había pasado factura.
Rompió muchos espejos esas semanas previas.
Desde bien pequeña había arrastrado muchas cruces, +demasiado musculada+, +La chicote+, +siete machos+. Le gritaban al pasar: ¿dónde has aparcado el camión?”. Le habían hasta cambiado el nombre, PEDROOO REYEEES, le decían entre risas.
A los 17 se dejó los estudios… y empezó a aprender.
La Flying Dancer.
En la calle se sentía entre iguales, allí entre giros y volteretas, era una más. Bueno, era la más. Hasta la falange más pequeña de su cuerpo danzaba en sintonía.
Bailar en la cuerda, suspendida a 7 metros de altura, sin ninguna protección, sosteniéndose con la única ayuda de brazos y pies, era para ella como ir en bici sin manos.
Alentada por todos se inscribió.
Pintó su larga melena negra de color strawberry. Lució con orgullo su estrella azul. Jo, cuánto le había marcado Noviembre, la película del Mañas.
Y allí iluminada sólo por las luces de las farolas realizó su número. No se les escapó ni un aliento al público improvisado a sus pies. Luego el silencio. Y los aplausos cortando el silencio en mil pedazos.
Pasaron los días y nadie le decía nada. Intentó hacer vida normal. Visitó a su padre en el centro. Papá había perdido totalmente las asas que le sujetaban a la realidad. Barajaba imágenes y las esparcía sobre la mesa. El tercer año de playa, le contaba, lo había cambiado todo. El elefante que nunca pintó en su cuarto. Llum, la muñeca negra. Los fideos llenando su boca. Saltar. Saltar. Saltar.
Así durante horas. Y de repente, recoge mentalmente las cartas. Y calla.
Ver el cartel en Instagram fue un jarro de realidad congelada directo a su pobre cara. Escuchar de la organización los motivos. Navajazos de ironía que liberaban la sangre azul que regresaba lentamente a su corazón.
Demasiado guapa. Muy femenina. Estática. Sin motivo para existir.
Reír, llorar. Volver a llorar. Reír hasta quedarse sin gas. Llorar por las esquinas. Doblar esas mismas esquinas riendo.
La comparecencia de este año ha sido Furiosa. Sí, se ha vuelto a presentar. Se ha rapado el pelo. Su cara es más geométrica. Ya lo he dicho. Un año duro. Ha comido poco. Ha comido mal. Ha dormido lo justo. Ha trabajado mucho. Y todo eso se nota.
Esta vez, no ha preparado nada. Se ha plantado delante de la cámara y los ha mirado fijamente. Les ha echado los perros. Sus amigos estaban detrás dándolo todo. Ella sólo ha respirado lentamente y les ha dicho con una media sonrisa y toda la alegría que esos ojos cansados les podían dar.
Yo María Reyes.
