El 2025 había sido un año muy malo para María Reyes. El casting para elegir a la artista que iba a representarles en el festival de artes de calle de Elche le había pasado factura. Rompió muchos espejos esas semanas previas. Desde bien pequeña había arrastrado muchas cruces, +demasiado musculada+, +La chicote+, +siete machos+. Le gritaban al pasar: ¿dónde has aparcado el camión?”. Le habían hasta cambiado el nombre, PEDROOO REYEEES, le decían entre risas. A los 17 se dejó los estudios… y empezó a aprender. La Flying Dancer. En la calle se sentía entre iguales, allí entre giros y volteretas, era una más. Bueno, era la más. Hasta la falange más pequeña de su cuerpo danzaba en sintonía. Bailar en la cuerda, suspendida a 7 metros de altura, sin ninguna protección, sosteniéndose con la única ayuda de brazos y pies, era para ella como ir en bici sin manos. Alentada por todos se inscribió. Pintó su larga melena negra de color strawberry. Lució con orgullo su estrella azul. Jo, cuánto le había...
cenizas en el vacío
Toc, toc, hay alguien?